Los primeros billetes de la Historia

Martes, 06 de Octubre de 2009
El dinero de papel apareció, cómo no, en China en el siglo VII, aunque no se instauró su uso oficial hasta el año 812. Sin embargo, los ejemplares más antiguos que se conservan proceden del siglo XIV.
Los primeros billetes europeos se fabricaron en Suecia, en el año 1661. Los imprimió el cambista Johan Palmstruch, que los entregaba como recibo o resguardo a quien depositaba oro o plata en el Banco de Estocolomo que, por cierto, él mismo había fundado. A España llegaron en 1780, durante el reinado de Carlos III, y su uso se popularizó rápidamente por ser mucho más cómodo de llevar. Así no hacía falta cargar con la famosa bolsa llena de monedas, mucho más llamativa y pesada.
Aunque en esencia no deja de ser otro tipo de moneda, en el lenguaje cotidiano reservamos el nombre de moneda para las piezas de metal y el de billete para las de papel. O incluso plástico, material del que se fabrican los billetes de 20 y 50 pesos que circulan desde 2002 en México. Allí prefieren el polímero al papel porque los billetes de ese material duran más, son más limpios y más difíciles de falsificar.
Los altos cobran más
Lunes, 13 de Julio de 2009

Un estudio publicado en la revista The Economic Record revela que los individuos más altos suelen ganar más dinero que sus compañeros de corta estatura. En concreto Andrew Leigh, principal autor del trabajo, ha estimado que en Australia medir cinco centímetros por encima de la media (1,78 metros) implica cobrar 950 dólares más al año, sobre todo en hombres.
Su investigación también revela que el índice de masa corporal (IMC) no repercute en el sueldo. “Empezamos este proyecto para averiguar si las personas con sobrepeso cobraban menos, y nos encontramos con que el dato interesante era el que relacionaba la altura, y no el peso, con el salario”, admite Leigh, que sostiene que el resultado se explica porque la altura se relaciona inconscientemente con mayor inteligencia y poder.
Un manual práctico de economía para comprender lo que nadie acaba de explicar

Con más de 25 años de experiencia en el periodismo económico, Carlos Salas es uno de los mejores y más amenos divulgadores de España. En su columna de El Mundo –titulada “Agítese antes de leer”–, el periodista español (nacido en Caracas, en 1955) vuelca cada semana sus comentarios agudos, ingeniosos y humorísticos sobre la economía, la micro y la macro.
Con el mismo estilo vibrante de sus habituales colaboraciones en MUY INTERESANTE, Salas presenta para todos los públicos el relato de la actual crisis económica que nos sacude, al tiempo que trata de responder a las preguntas que todos nos hacemos:
¿Por qué no se pudo evitar una crisis que todos los “expertos” veían venir?
¿Quién la originó y dónde está el dinero?
¿Quién nos mintió?
¿Cuáles son las salidas a la crisis?
¿Qué lecciones podemos sacar de ella?
El autor de “La crisis explicada a sus víctimas” (Editorial Áltera, Barcelona, 2009. 348 páginas, 18.90 euros) ha escogido un hecho sucedido hace más de tres siglos, la Gran Peste bubónica que azotó Londres, para exponer las similitudes entre aquellas víctimas y las de ahora. Padecemos una peste financiera –formada por la codicia, los malos controles y la imprudencia– que ha penetrado en todos los hogares, en el sistema bancario, en las Bolsas y en la economía mundial.
Escrito con el estilo propio de un reportero, el libro también ofrece explicaciones sorprendentes sobre asuntos que tienen un impacto diario en nuestra vida: por qué tarda tanto en bajar la gasolina; cómo se forman los precios de las cosas; para qué sirven los bancos centrales; quién calcula el Euribor...
Un libro autorizado, y recomendado, para todos los públicos.
José Pardina
¿Qué vale más, un euro o cien céntimos?
Martes, 03 de Febrero de 2009

¿Qué vale más, un euro o cien céntimos? Aunque matemáticamente la respuesta es evidente, nuestro cerebro actúa como si el valor de cien céntimos fuese mayor, según revela un nuevo estudio publicado en la revista Psychological Science. En otras palabras, los humanos prestamos más atención al tamaño de los números que al valor económico real de las cantidades.
Para llegar a esta conclusión, John Opfer y Ellen Furlong, de la Universidad de Ohio, recurrieron al conocido dilema del prisionero, utilizando como moneda el dólar. Distribuidos en parejas, los participantes debían decidir por separado si querían cooperar con su compañero o actuar individualmente a cambio de una recompensa económica. Si colaboraban los dos, recibían cada uno tres dólares. Si uno decidía ir por libre se hacía con cinco dólares y el otro no se llevaba nada. En caso de que los dos se negaran a cooperar sólo se llevaban un dólar por cabeza.
Investigaciones previas habían demostrado que las personas se ayudan más si las cantidades en juego son altas. En efecto, el interés por cooperar era mayor si se ofrecían 300 dólares en vez de tres. Pero lo sorprendente es que si a la mitad de los participantes la recompensa se les ofrecía en centavos (300) y a la otra mitad en dólares (tres), los que se jugaban 300 centavos colaboraban más. Es más, los niveles de cooperación eran similares entre los que participaban por 300 dólares y los que lo hacían por 300 centavos. “Lo único que importa es si estás jugando por un ‘3’ o por un ‘300’”, asegura Opfer. “Los números nos confunden”, añade.
Según el investigador, cuando un individuo decide si ahorrar para el futuro o intenta valorar el riesgo de una inversión, su decisión está condicionada por el tamaño de los números. “Para bien o para mal, reconsiderar nuestras opciones en términos de cifras pequeñas nos permite ver mejor los riesgos y beneficios relativos que los grandes números”, concluye Opfer.
¿Cuándo una empresa cotiza en bolsa?

Cuando quiere ser más competitiva. Que una compañía ofrezca sus acciones y valores en el mercado bursátil acarrea tanto para el público inversor como para los accionistas, clientes y proveedores tres ventajas: garantía de solvencia, transparencia en la gestión y prestigio. Pero no es la única razón. Cotizar en bolsa significa obtener liquidez mediante el dinero de terceros, crear valor para la compañía en el extranjero y mejorar su infraestructura y tecnología. Por último, también supone un incentivo para directivos y empleados, pues se le ofrecen participaciones de su propia empresa.
¿Cuánto vale el dinero virtual en el mundo real?
El ocio electrónico no es ajeno a los vaivenes de la economía. De hecho, uno de los objetivos recurrentes en los videojuegos es obtener monedas para comprar mejoras o equipo que potencien los personajes. De este modo pueden conseguirse armaduras, vehículos, pócimas curativas… Ahora bien, ¿cuál sería el valor de estas transacciones en el mundo real? Por ejemplo, en Counter-Strike, un juego de acción que enfrenta a una unidad policial con un grupo de terroristas, se puede conseguir un fusil AK-47 por 2.500 dólares. Sin embargo, el precio en la calle de esta arma de fabricación rusa ronda los 540 dólares. En Final Fantasy 7, el protagonista combate sus ataques de tristeza con un fármaco que cuesta 100 dólares; algo parecido, como una caja de 28 ansiolíticos, ronda los 30 euros en las farmacias.
No hay nada que no pueda valorarse. Así, Mario, el famoso fontanero de la saga de videojuegos homónimos, consigue una vida extra cuando junta 100 monedas. Pues bien, la Agencia de Protección Medioambiental de EE UU estima que el valor hipotético de una vida humana roza los 7 millones de dólares.
Además, en muchos juegos on-line masivos y mundos 3D es posible comprar equipamiento, propiedades y divisas con dinero real. El popular Second Life dispone incluso de una ciberoficina donde se puede intercambiar Linden Dollars (LD), la moneda empleada en este título, por auténticos dólares. 260 LD equivalen aproximadamente a 1 dólar, y por algo más de 1.400 dólares –unos 375.000 LD–, se puede adquirir una isla digital. El caso de Ailin Graef, una usuaria de Second Life cuyo álter ego Anshe Chung llegó a ser portada de la revista Business Week, demuestra que la cosa no es ningún disparate: en sólo 30 meses ha obtenido alrededor de 2 millones de dólares a partir de negocios exclusivamente virtuales, desde ciberespeculación urbanística hasta diseño de moda para avatares. En abril de 2007, los mentideros de la Red hervían con el caso de una gamer de World of Warcraft que quiso ir más lejos. Su problema: necesitaba 5.000 monedas de oro para mejorar drásticamente su personaje. Su oferta: una noche de pasión, esta vez de verdad, a domicilio.
¿Qué países tienen la mayor inflación?

Un billete de 10 millones de dólares en el bolsillo y no tengo ni para comprar pipas. Esto es lo que puede pensar un habitante de Zimbabue, ya que, al cambio, su millonario billete quedaría en... tres dólares estadounidenses, o sea, poco más de dos euros. En este país, el índice de inflación –es decir, el aumento continuado de los precios de bienes y servicios– ha alcanzado cotas escalofriantes: hasta el 100.000%. Cuando se producen tales escaladas, el dinero pierde su valor –se devalúa–, y el gobierno se ve obligado a emitir papel moneda con cifras cada vez más astronómicas. Un caso famoso de la historia fue el de la hiperinflación de la República de Weimar, en Alemania, en los años 20, cuando un dólar llegó a costar ¡4,2 billones de marcos! Hoy, Zimbabue no es el único país cuyos billetes con muchos ceros son casi papel mojado. Donde más circulan es en Vietnam, Indonesia, Irán, Guinea y Santo Tomé y Príncipe
Un matemático analiza el “crash” económico de 2008
Jueves, 11 de Diciembre de 2008
El matemático británico Nick Bingham analiza la situación económica actual en un artículo publicado en Significance, la revista de la Royal Statistical Society. Según el investigador, las entidades financieras, en su búsqueda de nuevos mercados y de mayores beneficios, han asumido un riesgo importantísimo al ampliar la concesión de hipotecas a muchas personas que no podían permitirse el coste de contraer esa deuda.
Con la quiebra de las instituciones de primera línea dentro del sector financiero, la verdadera escala del problema ha quedado clara. Los bancos dejaron de prestarse dinero entre ellos, según el profesor, porque “siendo incapaces de cuantificar su propia exposición a esos activos de deuda tóxicos, no podían confiar en que otros bancos pudieran hacer lo propio”.
El resultado: una pérdida total de la confianza y, tras ella, toda una crisis económica con consecuencias mundiales. “Cuando el problema se ha hecho sistémico, los gobiernos se han visto forzados a intervenir para rescatar el sistema aportando enormes cantidades de dinero público”, apunta Birgham.
Bingham sugiere que, para aprender más y sacar conclusiones de cara al futuro, es preciso dirigir la mirada hacia el pasado. El matemático compara la actual crisis financiera con la tulipomanía (o "burbuja de los tulipanes") ocurrida en los Países Bajos en 1636. Entonces llegaron a pagarse precios desorbitados por los derechos de compra de tulipanes, cuyo valor resultó ser luego comparable al de las actuales hipotecas de alto riesgo. Es decir, prácticamente nulo.
Los banqueros se quejan de que los modelos de riesgo con los que contaban no han sido suficientemente precisos. Para Bingham, sin embargo, los banqueros se ocupan de los detalles de “cómo manejar el timón de una barca en un río, cuando lo realmente importante es saber si hay o no una cascada más adelante, de las dimensiones de las Cataratas del Niágara”.
*Extraídos de la versión digital de la revista Muy Interesante (http://www.muyinteresante.es)